Neuquén resguarda cerca del 12 por ciento de su territorio en una red de 12 áreas naturales protegidas provinciales y 4 parques nacionales. Dónde queda cada una, qué se puede ver, cuándo conviene ir y cómo armar el viaje sin apurar los caminos de ripio.
- Qué son las áreas naturales protegidas de Neuquén
- Cuatro ecorregiones en una sola provincia
- Las áreas naturales protegidas de Neuquén, una por una
- El norte: termas, géiseres y cumbres de más de 4.000 metros
- El centro y la estepa: cavernas, cipreses y guanacos
- La cordillera y los lagos: araucarias y ríos de pesca
- Los cuatro parques nacionales que completan el mapa
- Adentro también vive gente
- Cómo armar el viaje
Hay una parte de Neuquén que no aparece en las postales de temporada. Está más allá de los centros de esquí y de los muelles de los lagos: son caminos de ripio que suben entre bardas coloradas, lagunas donde bajan los flamencos, cavernas que se meten bajo la estepa, volcanes apagados con una laguna en el cráter. Todo eso tiene un nombre administrativo poco romántico y una función muy concreta: área natural protegida.
Qué son las áreas naturales protegidas de Neuquén
Son territorios que la provincia reservó legalmente para conservar biodiversidad, paisajes, cuencas de agua y los procesos ecológicos que sostienen la vida ahí. La figura está reconocida internacionalmente por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y en Neuquén se ordena a través del Sistema Provincial de Áreas Naturales Protegidas, creado por la Ley provincial 2594.
Hoy la red suma 12 áreas provinciales y 4 parques nacionales, y en conjunto resguardan cerca del 12 por ciento del territorio neuquino. Es una de las provincias argentinas con mayor superficie destinada a conservación.
Para quien viaja, esto se traduce en algo simple: hay guardaparques, hay reglas de circulación, hay lugares donde se puede acampar y otros donde no. Y hay paisajes que se mantuvieron enteros justamente porque alguien decidió protegerlos.
Cuatro ecorregiones en una sola provincia
Neuquén tiene cuatro ecorregiones —Altos Andes, Bosque Andino Patagónico, Estepa Patagónica y Monte— y las áreas protegidas cubren muestras de todas. En un mismo viaje se pasa del bosque de araucarias a la meseta pelada, de un mallín verde a un géiser que larga vapor a más de 90 grados.
Ahí viven especies que en otros lados ya escasean: el pehuén, el huemul, el pato de los torrentes, la ranita patagónica. Varias son exclusivas de la Patagonia o tienen una distribución muy acotada, de esas que se ven en un solo valle del mundo.
Las áreas naturales protegidas de Neuquén, una por una
La primera fue Copahue, en 1962, para resguardar el sistema termal y volcánico del noroeste. Con las décadas se sumaron Chañy, Batea Mahuida, El Tromen, Epu Lauquen, Domuyo, Cañada Molina, Auca Mahuida, El Mangrullo, Boca del Chimehuín, Cuchillo Curá y Los Bolillos.
El norte: termas, géiseres y cumbres de más de 4.000 metros
Domuyo es la más grande del norte y la que más se parece a otro planeta. Protege 92.000 hectáreas alrededor del cerro que le da nombre, la cumbre más alta de la Patagonia, con más de 4.700 metros. Ahí están las termas de Aguas Calientes, a unos 2.000 metros de altura, los géiseres, las olletas y las fumarolas que largan columnas de vapor. Queda unos 538 kilómetros al noroeste de Neuquén capital y unos 150 desde Chos Malal, pasando por Andacollo, Las Ovejas y Varvarco. Los últimos tramos son de ripio y de cornisa: se hace despacio, y esa es la mitad del paseo.
Los Bolillos, la última incorporación a la red, son formaciones rocosas que el viento y la arena tallaron sobre el valle del río Varvarco, con tonos rojizos y amarillos y un conjunto que llaman Los Monjes. Se llega desde Varvarco por 15 kilómetros de ripio; hay una huella vehicular y un sendero sin señalizar, así que conviene avisarle al guardaparque qué recorrido se piensa hacer.
El Tromen es el más agradecido si viajás con chicos que se enganchan con los bichos. Creado en 1971, protege 30.000 hectáreas y fue declarado sitio Ramsar en 2006 por el valor de sus humedales. En la laguna Tromen y en el Bañado Los Barros nidifican y descansan al menos 26 especies de aves acuáticas: flamenco austral, cisne de cuello negro, coscoroba, cauquén, macás, bandurrias, patos de varios tipos. Algunas migratorias llegan desde el hemisferio norte, incluso desde la tundra canadiense. De fondo, el volcán Tromen, de más de 4.100 metros. Está a 7 kilómetros de Buta Ranquil y se accede desde Chos Malal por las rutas provinciales 2 y 37, unos 50 kilómetros de ripio. La primavera y el verano son la temporada de aves.
Epu Lauquen —»dos lagunas» en mapuzungun— y Copahue completan el mapa del norte cordillerano. Epu Lauquen es de esos lugares que los observadores de aves anotan en la libreta: hay especies que en Argentina se registran acá y en pocos sitios más.
El centro y la estepa: cavernas, cipreses y guanacos
Cuchillo Curá es probablemente la más sorprendente y la menos esperada. Cerca de Las Lajas, protege 386 hectáreas de estepa con el sistema cavernario más extenso del país: el único con fauna propia, con concreciones de gran valor escénico y, en superficie, pinturas rupestres y una laguna con abundante avifauna. Se creó en 2003. Las visitas a las cuevas se hacen con guía habilitado; no es un lugar para meterse solo con una linterna.
Cañada Molina protege un bosque de cipreses, Auca Mahuida resguarda un ambiente árido y semiárido que es hábitat del guanaco, y El Mangrullo conserva flora y fauna representativas de la estepa patagónica. Son las áreas menos transitadas de la red, las que exigen más autonomía —combustible, agua, un vehículo en condiciones— y las que devuelven más silencio.
La cordillera y los lagos: araucarias y ríos de pesca
Chañy protege un sector de bosque de pehuenes, esa araucaria que es símbolo de la región y que tarda décadas en dar sus primeros piñones.
Batea Mahuida es la puerta de entrada más fácil para una familia. El volcán se apagó y dejó una laguna en el cráter; alrededor se estableció la comunidad mapuche Puel, que administra el parque de nieve desde el año 2000. Está a unos 10 kilómetros del centro de Villa Pehuenia por la ruta provincial 13. En invierno funciona con pistas, medios de arrastre, clases y una pista de trineos para los más chicos; en verano el mismo camino se recorre para llegar a los miradores, con los lagos Aluminé y Moquehue abajo y los volcanes chilenos en el horizonte. En la confitería se come cocina regional con piñón y se compran tejidos hechos por la comunidad. Cerca hay un bosque fósil de pehuenes y grabados rupestres.
Boca del Chimehuín, donde el río sale del lago Huechulafquen, protege una de las zonas de pesca con mosca más conocidas del país. Antes de armar la caña hay que sacar el permiso de pesca correspondiente y revisar el reglamento de la temporada, que cambia año a año.
Los cuatro parques nacionales que completan el mapa
A la red provincial se suman Lanín, Nahuel Huapi, Los Arrayanes y Laguna Blanca. Son los más visitados y los que tienen más servicios: senderos señalizados, campings habilitados, centros de informes. Las tarifas de acceso y los horarios se actualizan por temporada, así que conviene chequearlas antes de salir en la web de Parques Nacionales.
Adentro también vive gente
Buena parte de las áreas protegidas está habitada. Hay crianceros y comunidades mapuche que sostienen la trashumancia: subir los animales a la veranada en verano, bajarlos a la invernada cuando el frío aprieta. En El Tromen, por ejemplo, unas 30 familias trabajan así, y sus puestos de piedra volcánica son parte del paisaje.
Eso cambia la manera de recorrer. Las tranqueras se dejan como se encontraron, los perros quedan en el auto, los animales tienen prioridad en el camino y las fotos a las personas se piden antes. La gestión de estas áreas busca justamente que la conservación y la vida de los pobladores convivan, y el viajero es parte de ese acuerdo.
Cómo armar el viaje
Para el norte neuquino, la ventana más cómoda va de fines de primavera al otoño: en pleno invierno hay tramos que se complican con nieve y hielo. La amplitud térmica es grande incluso en enero, así que se viaja con capas, protector solar, gorro y cortaviento.
Chos Malal es la base con mayor variedad de servicios y alojamiento. Varvarco, Las Ovejas, Andacollo, Huinganco y Manzano Amargo ofrecen hosterías, cabañas y alojamientos municipales, con oferta acotada: se reserva antes, no se improvisa. Hay poca señal de celular y estaciones de servicio escasas, así que el tanque se llena cuando aparece la oportunidad, no cuando la aguja baja.
Con chicos, la clave es partir las distancias. Estas áreas se disfrutan mejor en etapas de tres o cuatro horas de manejo con paradas: la confluencia de los ríos Neuquén y Varvarco, donde dos aguas de colores distintos se juntan, vale una bajada del auto tanto como cualquier mirador. En los sectores termales y de géiseres, el agua supera los 90 grados: se respetan los senderos marcados y las distancias, sin excepción.
Y siempre, al entrar, pasar por el guardaparque. No es un trámite: es quien sabe cómo está el camino hoy, qué sendero está habilitado y dónde no conviene meterse.
Neuquén tardó más de sesenta años en armar esta red, desde Copahue en 1962 hasta hoy. Recorrerla despacio, dejando los lugares como estaban, es la única forma de que siga estando ahí para el próximo que llegue.
Marcelo Garcia
Periodista, director y productor de medios con una sólida trayectoria en el periodismo digital, escrito y audiovisual.
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