Cada vez más viajeros suben a la montaña sin intención de calzarse un par de esquíes. Qué hacer en la nieve sin esquiar en los principales centros invernales de Argentina y Chile, según las experiencias más pedidas de este invierno 2026.
Hay una escena que se repite en cualquier base de centro de esquí un mediodía de agosto: mientras un grupo se acomoda las botas para subir a la aerosilla, otro se queda abajo, con las manos alrededor de un chocolate caliente, mirando la montaña. Durante mucho tiempo se dio por hecho que ese segundo grupo estaba perdiéndose el viaje. Hoy ya no.
El turismo de invierno en Sudamérica cambió de forma. El esquí y el snowboard siguen en el centro de la postal, pero dejaron de ser la única razón para viajar a la nieve. Familias con chicos chicos, parejas que quieren caminar y comer bien, grupos de amigos, gente que va a ver la nieve por primera vez a los cuarenta: todos empujaron a los destinos a ampliar la oferta. Y los destinos respondieron.
Los datos de reservas de este invierno 2026 en la plataforma Civitatis muestran hacia dónde va la demanda: navegaciones, caminatas, circuitos panorámicos, termas y gastronomía de montaña aparecen entre las experiencias más pedidas en los grandes centros invernales de Argentina y Chile. «Hoy los viajeros buscan mucho más que una pista de esquí», resume Nicolás Posse, Regional Business Development South América de la compañía, que apunta a un público que quiere conocer el destino, no solo bajarlo.
Bariloche: el lago manda tanto como la montaña
La capital argentina del turismo de nieve tiene la ventaja de ser, antes que un centro de esquí, una ciudad rodeada de agua. Eso se nota en lo que la gente elige cuando no sube al Catedral.
La navegación a la isla Victoria y el Bosque de Arrayanes encabeza el ranking: el Nahuel Huapi en invierno tiene un color distinto, más plomo que turquesa, y el bosque de troncos color canela se recorre casi sin gente. En la misma línea están el paseo en velero por el lago y, para los que no le tienen miedo al frío de verdad, el bautismo de buceo en el lago Moreno.
En tierra firme, el Circuito Chico y Colonia Suiza siguen siendo el clásico bien resuelto para un día entero, con paradas de mirador y curanto de por medio. El trekking al cerro Llao Llao es corto, accesible y devuelve una de las mejores vistas del área. Y la excursión al cerro Tronador, cuando las condiciones del camino lo permiten, es la que deja marca: el Ventisquero Negro, el ruido de los desprendimientos, la escala.
Después está lo obvio y lo cierto: en Bariloche se come. Refugios de montaña, chocolaterías que llevan generaciones, cocina patagónica con vista. Buena parte del viaje pasa por ahí.
San Martín de los Andes: raquetas, bosque y una ruta para mirar
A los pies del Chapelco, San Martín ofrece la versión más tranquila del invierno cordillerano. La estrella para quienes no esquían son las caminatas con raquetas: se aprende en diez minutos, se avanza despacio y el bosque nevado suena distinto cuando uno es el único que lo pisa. Es, además, una de las pocas actividades de nieve que funciona bien con chicos a partir de los siete u ocho años.
El menú se completa con excursiones panorámicas, salidas en motos de nieve para los que buscan adrenalina sin pistas, y los recorridos por la Ruta de los Siete Lagos.
Sobre este último punto conviene un dato fresco: el tramo de la Ruta 40 entre San Martín y Catritre estuvo cortado a fines de julio por un derrumbe de rocas y barro en el kilómetro 2208,7, y volvió a habilitarse a comienzos de agosto con tránsito asistido y franjas horarias mientras seguían las tareas de estabilización del talud. Antes de salir, chequear el estado del corredor en Vialidad Nacional no es un exceso de prudencia: es parte de la planificación.
Ushuaia: el invierno más al sur
La ciudad más austral del planeta dejó de ser un destino exclusivamente de verano y hoy compite fuerte en temporada blanca, con una oferta que excede largamente al cerro Castor.
La navegación por el canal Beagle con trekking en la isla Bridges es la puerta de entrada: el mar, los lobos marinos y los cerros nevados en el mismo encuadre. La excursión al Parque Nacional Tierra del Fuego combinada con el Tren del Fin del Mundo funciona especialmente bien con chicos y con adultos mayores, porque el esfuerzo físico es mínimo y el paisaje no se negocia. Para los que quieren salir del asfalto, el tour en 4×4 a las lagunas Negra y Fagnano mete al viajero en la turba y el bosque fueguino. Y el trekking al atardecer hasta la laguna Esmeralda es la caminata que todos recomiendan al volver, con esa luz baja que en Ushuaia dura horas.
Las Leñas: la cordillera mendocina desde otro ángulo
En Mendoza, uno de los centros de esquí más importantes de Sudamérica también acomodó su propuesta para los que no bajan. Excursiones panorámicas, caminatas por entornos nevados, salidas de fotografía de montaña y una escena gastronómica que fue creciendo permiten leer el Valle de Las Leñas sin pasar por la boletería de pases.
Cruzar a Chile: cuatro opciones a mano
Si el plan incluye pasar la cordillera, hay cuatro centros que resolvieron bien la parte «sin esquíes».
Valle Nevado, a pocos kilómetros de Santiago, suma telecabinas panorámicas, caminatas, sectores gastronómicos con la cordillera enfrente y espacios pensados para quien va solo a estar en la nieve. Para los más audaces, existe incluso la posibilidad de llegar en helicóptero desde la capital.
Farellones, ahí nomás, es probablemente la mejor opción para un debut: tubing, trineos, aerosillas panorámicas y parques de nieve, todo en un formato de jornada corta que rinde con chicos.
Nevados de Chillán, unos 400 kilómetros al sur de Santiago, es el que mejor combina nieve y bienestar. A las pistas se le suman las termas de Chillán, senderos nevados, bosque nativo, paisaje volcánico y cocina de montaña. Si la idea es volver descansado y no molido, es el destino.
Portillo, a dos horas y media de Santiago, juega la carta de la historia y el paisaje: la laguna del Inca congelada, los senderos de altura, el hotel amarillo que es un ícono en sí mismo y los miradores naturales entre los Andes.
Cómo armar una escapada invernal sin pistas
Un plan de tres o cuatro días sin esquí se sostiene sin problemas si se alterna esfuerzo y descanso. Una caminata con raquetas por la mañana, una tarde de navegación o teleférico panorámico, un día de termas o de refugio con sobremesa larga. Con chicos, los parques de nieve y los trineos resuelven la primera jornada mejor que cualquier otra cosa, porque descargan la ansiedad de tocar la nieve antes de pedirles paciencia para una excursión.
Dos advertencias que valen para todos los destinos. La primera: casi todas estas actividades dependen del clima y muchas se cancelan o se reprograman, así que conviene dejar un día de colchón y no encadenar excursiones el día anterior al vuelo. La segunda: el calzado. La mayoría de estas experiencias no requiere equipo técnico, pero sí zapatos impermeables con suela de agarre. Es la diferencia entre disfrutar la caminata y contar los minutos para volver.
La nieve, al final, nunca fue solamente de los que esquían. Solo que ahora los destinos lo dicen en voz alta.
Marcelo Garcia
Periodista, director y productor de medios con una sólida trayectoria en el periodismo digital, escrito y audiovisual.
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