Patagonia Argentina

Tren de las Sierras: el paseo por Córdoba que sale lo que un café

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El Tren de las Sierras une Córdoba con el Valle de Punilla por el precio de un café. Cinco horas de ventanilla, río Suquía y pueblos serranos, sin depender del auto ni pelearse con el tránsito.

El tren arranca despacio, como si le costara dejar la ciudad. Por la ventanilla, Córdoba se va deshilachando en barrios, después en quintas, y de golpe aparece el río. A partir de ahí ya nadie mira el celular: el Suquía corre pegado a las vías, las sierras se cierran a los costados y el paisaje empieza a hacer su trabajo. Todo eso, por lo que en cualquier bar te cobran un café.

Esa es la propuesta del Tren de las Sierras, el servicio ferroviario que conecta la ciudad de Córdoba con el corazón del Valle de Punilla. No es un tren de lujo ni una atracción montada para la foto: es transporte real, el que usan todos los días los vecinos de la zona, y que de paso ofrece uno de los recorridos más lindos que se pueden hacer en tren en la Argentina. La combinación es difícil de igualar: un boleto que arranca en los $700 y varias horas de sierra pura del otro lado del vidrio.

Qué es el Tren de las Sierras y por qué conviene subirse

El Tren de las Sierras es un servicio regional operado por Trenes Argentinos, que corre sobre el histórico Ramal A1 del Ferrocarril Belgrano. Une la ciudad de Córdoba con Capilla del Monte a lo largo de unos 100 km, con un tiempo de viaje cercano a las cinco horas entre las cabeceras. No es un viaje para apurados: es, precisamente, lo contrario.

Ahí está la clave de por qué funciona tan bien para quien viaja en familia, pero también para una pareja, un grupo de amigos o alguien que anda solo con ganas de mirar por la ventana. El auto te obliga a manejar, a buscar estacionamiento en pueblos que se llenan en temporada, a estar atento a la Ruta 38. El tren te libera de todo eso. Los más chicos tienen espacio para moverse y una ventanilla que entretiene sola; los grandes pueden aflojar los hombros y dejar que el paisaje pase. El ritmo lento deja de ser un problema y se vuelve el plan.

El recorrido del Tren de las Sierras, estación por estación

El servicio cuenta con 23 estaciones operativas entre Córdoba y Capilla del Monte. Se puede hacer el trayecto completo o bajarse en cualquier parada intermedia, lo que convierte al tren en una forma cómoda de conocer varios pueblos en un mismo viaje.

El primer tramo, entre Córdoba y La Calera, funciona más como un servicio interurbano ágil para quienes viven en el Gran Córdoba. El paisaje serio empieza después. Uno de los momentos más celebrados del viaje es el paso por Casa Bamba, un caserío mínimo donde las vías bordean el río y las sierras se meten en cuadro. Ahí el tren hace una parada breve: da tiempo a bajar unos minutos, estirar las piernas y comprar algo casero para seguir viaje comiendo. Es de esas paradas que uno recuerda más que muchos destinos con nombre grande.

Más adelante aparecen las postales conocidas del Valle de Punilla. Cosquín, sede del Festival Nacional de Folklore que cada enero convierte a su plaza en el punto de encuentro del folklore argentino. La Falda, clásica entre los clásicos serranos, con su historia de hotelería y sus caminatas. Huerta Grande y La Cumbre, más tranquilas, hechas a medida de quien busca sendero, aire y silencio. Y al final del recorrido, Capilla del Monte, famosa por el cerro Uritorco y por una propuesta que mezcla naturaleza, caminata y esa aura de misterio que la volvió célebre.

Un detalle clave: el trasbordo en Valle Hermoso

Conviene saberlo antes de subir: no hay un servicio corrido y directo entre la ciudad de Córdoba y Capilla del Monte. Para completar el recorrido hay que hacer un trasbordo en la estación Valle Hermoso. No es un obstáculo, pero sí algo para tener en la cabeza al armar los horarios, sobre todo si viajás con chicos o con equipaje. Planificar la combinación con tiempo evita apuros y esperas innecesarias en el andén.

Cuánto cuesta viajar en el Tren de las Sierras

Acá es donde el tren se vuelve casi imbatible. La tarifa arranca en $700 para los tramos más cortos y llega hasta $7.000 para el recorrido más extenso, con valores vigentes desde el 1° de junio de 2026. Aun el boleto más caro sigue siendo competitivo frente a lo que cuesta el mismo paseo en auto una vez que sumás nafta, peajes y estacionamiento.

Los precios se organizan por secciones según la distancia. Para dimensionarlo: un tramo urbano corto ronda el piso de $700, mientras que ir desde Córdoba hasta una localidad turística del valle se ubica en la franja media de la escala, y el trayecto completo hasta Capilla del Monte marca el techo de $7.000. Para una familia, hacer las cuentas del tren contra las del auto suele terminar de un solo lado.

Los pasajes se compran en la boletería de cada estación, de forma online en webventas.sofse.gob.ar o directamente a bordo del tren. La recomendación de siempre, más fuerte los fines de semana y feriados, es sacarlo con anticipación: el servicio es popular y en temporada alta el tren viaja lleno.

Cómo llegar a Córdoba y cuándo ir

Si venís de otra provincia, el punto de partida natural es la ciudad de Córdoba. Desde Buenos Aires incluso podés llegar en tren: el servicio de larga distancia Retiro–Córdoba recorre unos 695 km atravesando Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, lo que permite encadenar dos viajes ferroviarios en una misma escapada. Un dato para no quedar a pie: la estación de larga distancia y la cabecera del Tren de las Sierras no están pegadas, así que hay que prever el traslado entre una y otra con tiempo.

En cuanto a la época, la primavera y el otoño son los momentos más amables: días templados, sierras verdes o doradas según el mes, y menos gente que en pleno verano. Enero tiene su magnetismo propio por el Festival de Cosquín, aunque es también cuando el valle está más cargado. El invierno regala mañanas frías y luz limpia, ideal para quien prefiere el silencio y no le esquiva al abrigo.

De carga de minerales a paseo serrano: la historia del Tren de las Sierras

El ramal no nació para turistas. Se inauguró a fines del siglo XIX y en sus orígenes sirvió para transportar cargas y pasajeros entre la ciudad de Córdoba y Cruz del Eje; por sus vías pasaron minerales, madera, granos y hacienda. Su época de mayor esplendor llegó hacia mediados de los años 60, cuando llevaba multitudes de vecinos del valle y de turistas de Córdoba, Buenos Aires y Rosario, con servicio de comida a bordo.

Después vino el abandono. El servicio dejó de funcionar en 1977 y recién en 2007 empezó su reapertura por etapas. La extensión hasta Capilla del Monte, a fines de 2023, terminó de cambiar la escala: hoy el tren dejó de ser un paseo esporádico para volverse parte vital de la logística de Punilla. Esa doble condición —transporte cotidiano y paseo turístico— es parte de su encanto: uno viaja mezclado con la vida real de la zona, no dentro de una postal armada.

Consejos prácticos antes de subir

Un par de cosas que hacen más liviano el viaje. El equipaje tiene un límite pensado para el uso diario: cada pasajero puede llevar un bolso de mano de hasta 10 kg, con medidas máximas de 45 cm de alto, 35 de ancho y 25 de profundidad. Si vas a moverte con valijas grandes, conviene resolverlo aparte y viajar liviano en el tren.

Llevá agua, algo para picar y la cámara —o el celular con batería— a mano: los tramos junto al río y el paso entre las sierras piden ventanilla abierta. Si viajás con chicos, elegir asientos del lado del río mejora el espectáculo. Y si el plan es bajarse en algún pueblo y seguir viaje, mirá de antemano los horarios de regreso: las frecuencias son varias por día, pero no infinitas, y quedarse en un andén al atardecer con la última formación yéndose no es el mejor final para el paseo.

Al final, el Tren de las Sierras no vende una vista: vende un modo de viajar. El de ir despacio, con la sierra corriendo del otro lado del vidrio y la sensación de que, por una vez, el trayecto vale tanto como el destino.

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