Entre Buenos Aires y los centros de esquí hay más de 1.600 kilómetros y hasta 18 horas al volante. Guía para viajar en auto a la Patagonia partiendo el trayecto en dos, con las paradas que conviene hacer, los tramos que exigen atención y lo que no puede faltar en el baúl.
Hay un momento, en algún punto de la Ruta 5, en que el paisaje deja de cambiar. La llanura se vuelve una línea recta y el auto parece avanzar sin moverse. Los chicos ya se cansaron de la tablet, alguien pregunta cuánto falta por tercera vez y el sol de julio empieza a bajar demasiado temprano.
Ese es exactamente el momento que conviene planificar antes de salir.
Cada invierno, miles de familias, parejas y grupos de amigos cargan el baúl con tablas, camperas y termos y arrancan rumbo a la cordillera. Bariloche, El Bolsón, San Martín de los Andes, Villa La Angostura, Caviahue, Villa Pehuenia. Los destinos cambian; el trayecto, en lo esencial, es el mismo: más de 1.600 kilómetros desde Buenos Aires y hasta 18 horas de manejo si uno se empeña en hacerlo de un tirón.
La buena noticia es que no hace falta. Y que partir el viaje en dos no es solo una cuestión de seguridad: es la diferencia entre llegar a la nieve descansado o llegar debiéndole una siesta a la montaña.
Por qué conviene dividir el viaje en dos jornadas
Dieciocho horas al volante suenan manejables cuando uno las piensa sentado en su casa. En la ruta son otra cosa, sobre todo en invierno.
En julio, en la Patagonia, oscurece cerca de las seis de la tarde. Eso recorta la jornada útil de manejo casi a la mitad respecto del verano, y manejar de noche en estos tramos suma dos riesgos concretos: los animales sueltos —guanacos, liebres, ganado— y el hielo que se forma en la banquina y en los puentes cuando la temperatura baja de cero.
La fórmula que mejor funciona para viajar en auto a la Patagonia es simple: dos jornadas de entre seis y ocho horas cada una, con una noche de por medio. Salís temprano, llegás con luz, dormís bien y al día siguiente encarás el tramo cordillerano con la cabeza fresca.
El punto de corte natural depende de por dónde entres. Para quienes toman la Ruta Nacional 5, hay dos escalas que se repiten en casi todos los itinerarios: Santa Rosa y Neuquén capital.
Santa Rosa: el corte natural del primer día
La capital pampeana queda a unos 600 kilómetros de Buenos Aires por la Ruta 5, con asfalto en buen estado y suficientes pueblos en el camino como para estirar las piernas. Pehuajó, a unos 360 kilómetros de la salida, suele ser la primera parada larga: buen momento para cargar combustible, tomar algo y renegociar el uso del apoyabrazos.
Llegar a Santa Rosa a media tarde y quedarse a dormir ahí tiene una lógica clara: es el último lugar con infraestructura urbana completa antes de que el paisaje se ponga serio.
Entre las opciones de alojamiento en el centro está el Hotel Unit Santa Rosa, con habitaciones amplias, gimnasio, estacionamiento sin cargo y el restaurante Cuatro Esquinas, de cocina regional. Para esta temporada tiene una promoción llamada Round Trip: 30% de descuento si combinás la estadía con una noche en Neuquén dentro de los 14 días, más un 10% en gastronomía sobre el menú a la carta. La propuesta corre para estadías entre el 1 de julio y el 2 de agosto. Hay además un Family Plan con 30% de descuento en la segunda habitación de lunes a jueves y 50% de viernes a domingo para menores de 18 años, que es donde la cuenta empieza a cerrar cuando se viaja con chicos.
Un consejo que vale para cualquier alojamiento de paso: pedí estacionamiento cubierto o al menos cerrado. Dormir tranquilo con el auto cargado de equipamiento de nieve no tiene precio.
El tramo que exige atención: la Ruta del Desierto
Acá viene la parte del viaje que conviene conocer antes de encararla.
Desde Santa Rosa se sigue por la Ruta Nacional 35 hacia el sur. Unos 70 kilómetros después aparece el empalme con la Ruta Nacional 152, y más adelante la opción de tomar la Ruta Provincial 20 de La Pampa, conocida como la Ruta del Desierto. Ojo con este dato, porque circula mal en muchos lados: es provincial, no nacional.
Son unos 205 kilómetros entre Chacharramendi y 25 de Mayo, prácticamente en línea recta, con apenas dos curvas suaves en todo el trayecto. No hay pueblos. No hay estaciones de servicio. No hay nada más que jarilla, horizonte y viento.
Esa monotonía es justamente el riesgo. No es un camino técnicamente difícil —está pavimentado y tiene banquinas anchas—, pero es de los tramos con más siniestros del país, porque la recta infinita adormece y tienta a acelerar. La recomendación de quienes lo hacen seguido es descansar bien en General Acha antes de encararlo y cargar el tanque completo en Chacharramendi, que es el último surtidor viniendo desde el este.
La alternativa es seguir por la Ruta Nacional 152 por Casa de Piedra, que hacia Neuquén resulta unos 24 kilómetros más corta y suele estar en mejor estado, aunque con más tránsito de camiones. Ninguna de las dos es claramente superior: conviene chequear el estado de ambas antes de salir, porque las obras de repavimentación van cambiando el panorama de temporada en temporada.
La Ruta del Desierto termina empalmando con la Ruta Nacional 151, que cruza el río Colorado y entra a Río Negro. Desde ahí quedan unos 150 kilómetros hasta Neuquén.
Neuquén: la última ciudad grande antes de la cordillera
Después de la travesía pampeana, ver aparecer el valle del Limay y el Neuquén tiene algo de recompensa. Los álamos, el agua, las bardas rojizas cerrando el horizonte. Se entiende, de golpe, que uno ya está en otra parte del país.
Neuquén capital funciona como la última escala urbana de verdad: la última con talleres abiertos un domingo, con gomerías, con supermercado grande para hacer las compras antes de subir a la montaña, donde todo cuesta bastante más.
Entre las opciones de alojamiento con acceso rápido a la Circunvalación —clave para no meterse en el centro con el auto cargado— están el Grand Brizo Comahue, sobre Avenida Argentina, con 98 habitaciones, gimnasio, sauna seco y dos espacios gastronómicos; y el Brizo Neuquén, sobre calle Alderete, más chico y de estilo nórdico, con 58 habitaciones. Ambos tienen estacionamiento propio.
Para las vacaciones de invierno ofrecen 20% de descuento en alojamiento para estadías entre el 1 de julio y el 2 de agosto, y participan del mismo esquema Round Trip que el hotel de Santa Rosa, pensado para combinar la ida y la vuelta. El Family Plan acá es de 50% en la segunda habitación para menores de 18 años, con 10% en el menú a la carta.
Vale la aclaración práctica: estas promociones tienen fecha de vencimiento el 2 de agosto, así que si estás planificando para la segunda quincena de agosto o septiembre conviene consultar qué sigue vigente.
Desde Neuquén, la nieve queda a un tramo
Acá es donde el viaje se vuelve lindo. Los kilómetros que faltan son pocos comparados con lo hecho, y el paisaje empieza a devolver algo por cada curva.
San Martín de los Andes está a unos 435 kilómetros, cinco horas largas por las Rutas 22, 237 y 234, pasando por Piedra del Águila. Su centro de esquí, el Chapelco, estrenó esta temporada una telecabina para diez personas que triplica la capacidad de subida y descomprime las filas de los horarios pico.
Villa La Angostura queda a unos 480 kilómetros. Su Cerro Bayo fue el primero del país en habilitar pistas esta temporada, a mediados de junio, y sumó una aerosilla cuádruple y más capacidad de nieve artificial.
Bariloche, con el Catedral, está poco más de 400 kilómetros al sur por la Ruta 237, uno de los tramos más lindos de todo el recorrido, con el embalse de Piedra del Águila apareciendo entre las mesetas.
Más al norte neuquino, a media jornada de manejo desde la capital, están Caviahue, al pie del volcán Copahue, y el parque de nieve Batea Mahuida, en Villa Pehuenia, administrado por la comunidad mapuche Puel. Los dos tienen perfil familiar y pases sensiblemente más baratos que los grandes centros: Batea Mahuida ronda la mitad o menos de lo que cuesta un día en Chapelco, y es una buena puerta de entrada para quien nunca se calzó unos esquíes.
Un dato a tener en cuenta este invierno: las nevadas vinieron irregulares y varios centros abrieron de manera escalonada o parcial. Antes de subir, conviene mirar el parte de nieve del día en la web de cada complejo y no dar por sentado que están todos los medios operativos.
Lo que no puede faltar en el baúl
Las cadenas para nieve son obligatorias en varios accesos cordilleranos y en muchos casos las exige Vialidad o la policía en los controles, aunque el día esté despejado. Conviene llevarlas y, sobre todo, haber probado ponerlas alguna vez antes de tener que hacerlo con las manos entumecidas al costado de la ruta.
Sumá líquido refrigerante apto para bajas temperaturas, un raspador para el parabrisas, agua y algo para comer en el auto —en la Ruta del Desierto no hay dónde comprar nada— y la documentación al día, incluida la cédula verde o azul si el auto no está a tu nombre. Si viajás con chicos, las sillitas correspondientes no son negociables, y los controles en ruta lo verifican.
Y algo que no ocupa lugar: paciencia. La ruta patagónica no se apura. Se disfruta más si uno acepta que el viaje ya es parte de las vacaciones, y no un peaje que hay que pagar para llegar a la nieve.
Al final, cuando aparece la cordillera blanca sobre el horizonte y alguien en el auto se calla de golpe, uno entiende que esos 1.600 kilómetros tenían sentido.
Marcelo Garcia
Periodista, director y productor de medios con una sólida trayectoria en el periodismo digital, escrito y audiovisual.
Comparte esto:
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Compartir en Tumblr (Se abre en una ventana nueva) Tumblr
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram

