Patagonia Argentina

Pinot Noir de Neuquén: la cepa que convirtió al desierto patagónico en un destino de vino

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El Pinot Noir de Neuquén encontró en la amplitud térmica, el viento y el agua de deshielo un lugar donde crecer sin apuro. Este 18 de agosto, el Día Internacional de la cepa se celebra en la capital, y el 22 hay una jornada abierta al público. Una excusa para armar el bolso y salir a la Ruta del Vino de la Patagonia.

Hay uvas que se adaptan a cualquier lado y otras que eligen. El Pinot Noir pertenece al segundo grupo: es exigente, de piel fina, madura temprano y se resiente con el calor. Durante siglos fue el dolor de cabeza de los viticultores europeos y, al mismo tiempo, la variedad que produjo algunos de los vinos más elegantes del mundo. Que haya encontrado en el norte de la Patagonia argentina un lugar donde sentirse cómoda dice bastante sobre este territorio.

Al noreste de la ciudad de Neuquén, donde hace veinticinco años solo había jarilla y viento, hoy hay hileras de vides. Ese cambio de paisaje es el punto de partida de una historia que tiene fecha propia en el calendario.

Qué se celebra el 18 de agosto y qué podés hacer vos

Cada 18 de agosto el mundo del vino celebra el Día Internacional del Pinot Noir. En Neuquén la fecha se vive con algo más que un brindis simbólico: este año el encuentro central es el martes 18 en el Hotel Hilton de la capital provincial, con una convocatoria orientada a referentes del sector.

Para quien quiera meterse de lleno, la cita es el sábado 22 en el Centro de Convenciones Domuyo, en el Paseo de la Costa: una jornada abierta al público con degustaciones, propuestas gastronómicas y experiencias armadas alrededor de la cepa. Es el tipo de evento que funciona como puerta de entrada, sobre todo si el vino te gusta pero nunca te sentaste a comparar dos etiquetas del mismo varietal una al lado de la otra.

Dato faltante en el material oficial: al cierre de esta nota no estaban confirmados los horarios, el valor de la entrada ni la modalidad de inscripción para la jornada del 22, ni el listado de bodegas participantes. Conviene chequear los canales del Ministerio de Turismo de Neuquén antes de salir.

Por qué el Pinot Noir de Neuquén funciona tan bien acá

El valle de San Patricio del Chañar está cerca de los 39 grados de latitud sur y a unos 300 metros sobre el nivel del mar. Traducido: no hace falta trepar la montaña para conseguir frescura, la da la latitud.

Los días son largos y soleados, las noches bajan de golpe y esa amplitud térmica es exactamente lo que el Pinot Noir necesita para madurar despacio sin perder acidez. La humedad es baja, así que la uva llega sana a la cosecha, que en la región suele darse entre marzo y abril. Los suelos son aluvionales, pobres en nutrientes y con buen drenaje, lo que obliga a la planta a hundir raíces y trabajar. El riego llega por goteo, con agua de deshielo. Y el viento, que a cualquier visitante le parece una molestia, es en realidad un aliado sanitario: seca, ventila y mantiene lejos buena parte de las plagas.

El resultado son tintos de color rubí más traslúcido que intenso, con aromas a cereza y frambuesa, algún registro floral y taninos suaves. Nada que ver con la potencia de un Cabernet: acá el juego es la elegancia.

Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura, Neuquén es la segunda provincia del país en superficie plantada con esta variedad, detrás de Mendoza. Es una cifra que dice mucho cuando se recuerda que, en el año 2000, Neuquén directamente no figuraba en el mapa vitivinícola argentino.

La Ruta del Vino de la Patagonia: cómo llegar y qué esperar

San Patricio del Chañar queda a unos 48 kilómetros de la ciudad de Neuquén. Se llega por la Ruta Provincial 7: se cruza el Dique Ingeniero Ballester y después son unos 17 kilómetros derechos, con la estepa de un lado y el verde del valle apareciendo del otro. Menos de una hora de manejo, con el asfalto en buen estado casi todo el trayecto.

Las bodegas están sobre la misma ruta, una detrás de otra, así que el circuito se hace cómodo en un día. Del Fin del Mundo fue la pionera del valle, con plantaciones desde 1999, y hoy es la de mayor producción. Familia Schroeder suma un atractivo poco habitual: durante la construcción del edificio apareció un hallazgo paleontológico que hoy forma parte del recorrido, algo que convierte una visita de adultos en un paseo que los chicos también disfrutan. Malma fue la primera en abrir restaurante, con vista a los viñedos recortados contra la estepa. Secreto Patagónico es la más pequeña del grupo, trabaja con selecciones limitadas y recibe solo con reserva previa. Más al norte, en Chos Malal, Des de la Torre extiende el corredor hacia otra escala de paisaje.

Pinot Noir

Dos consejos de quien ya se equivocó: reservá las visitas guiadas con anticipación, porque los cupos son acotados y algunas bodegas modifican su agenda según la temporada, y definí antes de salir quién maneja. La degustación es parte del plan; el volante, no.

Si viajás con chicos, el circuito se sostiene bien: el tramo hasta el Chañar pasa por chacras y por localidades del Alto Valle donde parar, y varias bodegas tienen restaurante con menú regional. Un día completo alcanza para dos bodegas sin correr.

Qué comer con un Pinot Noir patagónico

Acá está la ventaja práctica de esta cepa: es de las que más fácil se sientan a la mesa. Su frescura acompaña sin tapar. Va bien con una trucha de los lagos del sur, sostiene un risotto de hongos de pino sin pelearse con el sabor a monte, aguanta un chivito al asador —el maridaje más neuquino que existe— y se defiende con quesos de estacionamiento largo.

Y aunque el Pinot Noir sea el que se lleva los titulares, el resto de la carta neuquina merece la vuelta: Malbec, Cabernet Franc y Merlot entre los tintos, Chardonnay y Sauvignon Blanc entre los blancos, todos con ese perfil fresco y equilibrado que da el clima del valle. También hay espumantes elaborados con el propio Pinot Noir, una faceta menos conocida de la variedad.

Cuándo ir

El evento del 22 de agosto es un buen disparador, pero la Ruta del Vino funciona todo el año. El otoño, entre marzo y abril, es el momento más vivo: coincide con la cosecha y el valle está en movimiento. La primavera trae los viñedos brotando y temperaturas amables. El invierno tiene menos gente y las salas de barricas se disfrutan distinto cuando afuera hace frío.

Más que una cepa, el Pinot Noir en Neuquén cuenta una decisión: la de plantar viñedos donde había estepa y esperar a ver qué pasaba. Veinticinco años después, cada copa tiene adentro ese cálculo. Y también el viento, que nunca se fue.

Author

Marcelo Garcia

Periodista, director y productor de medios con una sólida trayectoria en el periodismo digital, escrito y audiovisual.

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