En octubre, el Pilsner Fest se estira por primera vez a una semana entera. Es la excusa ideal para armar la ruta de la cerveza en Chequia: tres ciudades unidas por tren, visitas que se pagan en coronas y una tradición que se entiende mejor con el vaso en la mano.
- Por qué Chequia es el país de la cerveza
- Pilsen y el Pilsner Fest 2026: una semana entera dentro de la cervecería
- České Budějovice: la Budvar que es del Estado
- Humpolec: el desvío a la cervecería familiar Bernard
- Praga: la cerveza sin salir de la capital
- Cómo armar la ruta de la cerveza en Chequia
- Preguntas frecuentes
A Praga viajé solo, y en ese viaje la cerveza fue la manera más directa de entrar al país. Probé muchas, en muchos lugares: tabernas de barrio, cervecerías históricas, barras donde nadie preguntaba nada y el vaso llegaba igual. Pero hay una visita que me quedó grabada, y no fue en la capital. Fue en Humpolec, en la cervecería familiar Bernard. Ahí, con el grupo de la visita guiada, escuchamos la historia de la casa, nos enseñaron a servirla como corresponde y probamos varios estilos, uno al lado del otro. Esa tarde entendí que en Chequia tirar una cerveza es un oficio, no un trámite.
En Chequia la cerveza no es un rubro del menú: es el agua de la conversación. Se pide sin mirar la carta, llega en un vaso grueso de vidrio con asa y se toma sin apuro, en tabernas donde nadie parece estar de paso. Para entender eso hay un recorrido que casi se arma solo: Praga como base, Pilsen al oeste, České Budějovice al sur y, para quien tenga un día más, Humpolec. Este octubre, además, tiene fecha de largada.
Por qué Chequia es el país de la cerveza
No es una frase de folleto: es estadística. Según el informe global de consumo de cerveza de Kirin Holdings, los checos tomaron 148,8 litros por persona en 2024. Llevan 32 años seguidos al frente del ranking mundial per cápita, y el segundo, Lituania, queda casi 40 litros atrás.

Detrás de esa cifra hay una rutina. La hospoda, la taberna de barrio, es el living compartido de cualquier ciudad checa. Pedir una pivo (cerveza, en checo) es la manera más directa de entrar a esa vida cotidiana, aunque sea por un rato.
Pilsen y el Pilsner Fest 2026: una semana entera dentro de la cervecería
A unos 85 km de Praga está la ciudad que le dio nombre a la mitad de las cervezas del mundo. En la cervecería que hoy se llama Pilsner Urquell, el maestro cervecero bávaro Josef Groll preparó el 5 de octubre de 1842 la primera lager dorada y transparente. Hasta entonces, lo habitual en Bohemia eran cervezas oscuras y turbias. El estilo pilsner nació ahí y el resto del planeta lo copió.
Ese aniversario es el que se festeja cada octubre. En 2026 el Pilsner Fest cambia de formato: por primera vez dura una semana completa, del lunes 5 al sábado 10 de octubre. Además vuelve a su casa: después de un año en la plaza principal de la ciudad, se hace otra vez en el patio y los espacios de la cervecería.
La entrada es libre. Quien quiera un lugar más cómodo puede comprar un pase VIP: 450 coronas checas en días de semana y 750 el viernes y el sábado. Hay escenario con música en vivo todos los días, comida checa, visitas especiales a la planta, clases de tirado y cerveza sin filtrar en toda la cervecería. Según la programación publicada por la propia cervecería, se celebran los 184 años de la marca. Los horarios de apertura varían según el día, así que conviene revisar el programa antes de ir.
Fuera de la semana del festival, la visita guiada a la cervecería funciona todo el año e incluye las bodegas subterráneas donde la cerveza madura en barricas de roble. El otro imán de la ciudad es el Museo de la Cerveza, instalado en una antigua casa cervecera.
Desde Praga, los trenes directos a Pilsen tardan alrededor de una hora y veinte minutos y salen durante todo el día. Da para ir y volver en la jornada, aunque la semana del festival invita a quedarse una noche.
České Budějovice: la Budvar que es del Estado
El siguiente tramo de la ruta de la cerveza en Chequia baja al sur de Bohemia, a unos 120 km de Praga. České Budějovice tiene una de las plazas porticadas más grandes de Europa, la de Přemysl Otakar II, y una cervecería con una particularidad poco común: Budějovický Budvar es una empresa del Estado checo. Funciona desde 1895, pero la tradición cervecera de la ciudad tiene siglos, y por eso su cerveza tiene Indicación Geográfica Protegida.
El nombre suena conocido por otro motivo. Budvar y la Budweiser estadounidense sostienen desde hace más de un siglo un litigio por la marca. Del lado americano, la etiqueta se vende desde 1876 y se inspiró en la cerveza de esta ciudad, que en alemán se llamaba Budweis. Del lado checo, la cerveza sigue haciéndose acá, con agua de pozos artesianos a unos 300 metros de profundidad.
La visita guiada dura entre 70 y 80 minutos y cuesta 290 coronas, con tarifa reducida de 220. El centro de visitantes abre de 9 a 17, y los recorridos se ofrecen en siete idiomas, español incluido. El momento que todos esperan llega en las bodegas: una cerveza sin pasteurizar ni filtrar servida directo del tanque, reservada para mayores de 18 años. Si viajan con chicos, conviene saberlo antes. El recorrido les sirve igual por las máquinas, el agua y la historia, pero la degustación es solo para adultos.
El tren desde Praga tarda entre una hora y media y dos horas. Hay otra buena razón para dormir en la zona: queda muy cerca, y juntar las dos ciudades convierte el día cervecero en una escapada de dos.
Humpolec: el desvío a la cervecería familiar Bernard
Fuera del circuito clásico, en la región de Vysočina y a alrededor de una hora de Praga, está Humpolec. Ahí se hace cerveza desde 1597, pero la historia que cuenta la casa es más reciente. Después de la Segunda Guerra Mundial la cervecería fue nacionalizada, y en 1991 la compraron tres emprendedores que la convirtieron en Bernard, la primera cervecería familiar privada del país. Es el contrapunto de Budvar: una del Estado, la otra rescatada por una familia.
Desde junio de 2022 la visita arranca en un centro de visitantes nuevo. Primero se proyecta una película sobre la historia de la marca y se recorre una exposición con una maqueta 3D de la planta. Después se entra a la producción real, y el cierre es en el Sládkův sál, la sala del maestro cervecero, donde te sirven el resultado de lo que acabás de ver. Esa parte, la de probar y aprender a servir, es la que más me quedó de mi visita. La entrada cuesta 390 coronas e incluye un pequeño refrigerio. Se reserva online o en la recepción del centro, que abre todos los días de 9 a 20. Para completar la tarde hay un mirador armado alrededor de la chimenea de la cervecería, con una pasarela a 33 metros de altura.
Praga: la cerveza sin salir de la capital
Si el tiempo no alcanza para las excursiones, Praga concentra la historia en pocas cuadras. Sobre la Plaza de Wenceslao funciona Pilsner Urquell: The Original Beer Experience, un recorrido interactivo que termina en una clase de tirado. Ahí se aprende que en Chequia la espuma no es un error sino un estilo. La hladinka es la pinta clásica con corona firme, el šnyt lleva más espuma y menos líquido, y el mlíko es un vaso casi entero de espuma cremosa que se toma de un trago.
A pasos del Puente de Carlos, sobre la calle Husova, está el Museo de la Cerveza de Praga, con bodegas antiguas y una degustación al final.
Para el resto de la ciudad, en nuestra guía completa para visitar Praga está todo lo que conviene ver entre pinta y pinta, incluida la historia del Reloj Astronómico que conocí de la mano de un free tour.
Cómo armar la ruta de la cerveza en Chequia
La forma más simple es instalarse en Praga y salir desde ahí. Un día va a Pilsen y otro, o una noche, a České Budějovice. Las dos rutas salen de la estación central y los trenes son frecuentes. Quien tenga un día más puede sumar Humpolec y la visita a Bernard, la parada menos turística de la ruta, a una hora de la capital. Si la idea es probar lo que se sirve en cada parada, lo mejor es no manejar.
Con cuatro o cinco días en el país alcanza para Praga, las excursiones y un margen para perderse en alguna hospoda sin plan. Quien viaje la semana del 5 al 10 de octubre suma el festival de Pilsen sin pagar entrada. Quien vaya en otra fecha tiene las visitas guiadas abiertas todo el año.
Desde la Patagonia: cómo se llega
No hay vuelos directos entre Argentina y Praga. Desde Neuquén o Bariloche, el camino habitual es volar a Buenos Aires, cruzar a Ezeiza y conectar en alguna capital europea antes del tramo final. Octubre es otoño allá, así que una campera liviana y calzado cómodo para los adoquines resuelven casi todo.
Para quien vive en la Patagonia, el viaje tiene un eco familiar. Acá la cerveza artesanal también se volvió excusa para moverse, del Festival de la Cerveza Artesanal de Aluminé a las fechas que juntamos en el calendario de fiestas populares de la Patagonia. En Chequia el ritual es el mismo, con unos cuantos siglos más de práctica.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo es el Pilsner Fest 2026?
Del lunes 5 al sábado 10 de octubre de 2026, en la cervecería Pilsner Urquell de Pilsen. Es la primera vez que el festival dura una semana entera y vuelve a hacerse dentro de la cervecería. La entrada general es libre, y el pase VIP cuesta 450 coronas en días de semana y 750 el viernes y el sábado.
¿Cuánto se tarda desde Praga a las ciudades cerveceras?
A Pilsen, unos 85 km, los trenes directos tardan alrededor de una hora y veinte minutos. A České Budějovice, a unos 120 km, el viaje lleva entre una hora y media y dos horas. Humpolec, donde está la cervecería Bernard, queda a alrededor de una hora de Praga, así que las tres paradas se pueden hacer desde la capital.
¿Se puede hacer la ruta de la cerveza en Chequia con chicos?
Sí, con una aclaración: las degustaciones son para mayores de 18 años. Las visitas guiadas a las cervecerías, como la de Budvar, recorren la planta, los pozos y la historia, y tienen tarifa reducida. El festival de Pilsen es al aire libre, con música y comida, pero para tomar cerveza se exige ser mayor de edad.
¿Cuánto cuesta visitar la cervecería Budvar?
La visita guiada a Budějovický Budvar cuesta 290 coronas checas, con una tarifa reducida de 220. Dura entre 70 y 80 minutos, se ofrece en siete idiomas (incluido el español) y termina con una cerveza sin filtrar servida del tanque para los mayores de 18.
¿Cómo es la visita a la cervecería Bernard en Humpolec?
Arranca en el centro de visitantes con una película sobre la historia de la marca y una exposición con maqueta 3D. Después se recorre la producción y se termina con una degustación en la sala del maestro cervecero. Cuesta 390 coronas con un pequeño refrigerio incluido, y se reserva online o en la recepción, abierta de 9 a 20.
Marcelo García
Periodista especializado en turismo, radicado en Neuquén. Conduce y produce Viajo Con Vos en radio, televisión y web desde hace más de una década, con una columna de viajes en el diario Río Negro. Recorre la Patagonia, el Caribe y Europa contando los destinos desde adentro: lo que cuesta, cómo se llega y qué conviene saber antes de salir.

